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ACTUALIDAD ECONÓMICA

“Las Big Tech deben estar sujetas a la misma regulación que la banca por el bien del consumidor”

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Mientras José María Roldán nos recibe en la sede de la Asociación de la Banca Española, la directora gerente del FMI está hablando en Londres de la reputación de la industria financiera. Christine Lagarde se refiere en concreto al estreno de El regreso de Mary Poppins. “¿Por qué el banquero es el malo de la película?”, se pregunta. Lo mismo le planteamos al presidente de la AEB: “¿Por qué tiene su sector una imagen tan lamentable?”

Nos encontramos en Torre Espacio, en una planta completamente acristalada. A nuestros pies se extiende Madrid, pero no hasta donde la vista alcanza. En un punto determinado, la ciudad se interrumpe, como si chocara contra un muro invisible. “El agregado comercial de la embajada inglesa, que está aquí encima”, nos cuenta Roldán, “se lo enseña a todos sus visitantes. Miren la locura que es España, les dice: de repente pasas de tener casas a no tener nada. En Londres eso no se ve. Allí todo el suelo es urbanizable y hay que justificar por qué no se puede construir. Aquí es al revés: el suelo no es urbanizable y hay que justificar por qué se construye. Por eso hay tan poco. Por eso cuesta tanto. Por eso la ciudad se interrumpe”.

Pero ya volveremos sobre el precio de la vivienda. Ahora queremos saber por qué el banquero es el malo de la película. Lagarde sostiene que no hay que retrotraerse demasiado para encontrar el origen de la frustración: la Gran Recesión. Roldán coincide en parte. “La reputación del sector debe verse en el contexto de los reproches que sufren muchas instituciones centrales de Occidente: los partidos, los Parlamentos, el capitalismo… Nosotros somos parte del establishment y, en cuanto tal, nos cuestionan. Es, además, un fenómeno generalizado: se da en la mayoría de los países desarrollados, no solo en España. Pero”, y ahí discrepa de Lagarde, “sus raíces van más allá de 2008. Napoleón ya decía que los banqueros carecen de patriotismo y de decencia y que su único objetivo es el lucro. La crisis no ha ayudado, pero en Australia no han sufrido ninguna y, sin embargo, sus entidades no están mejor valoradas. Y en España los problemas básicamente los tuvieron las cajas. Los bancos socios de la AEB no han recibido ni un euro”.

Pues Pablo Echenique, el secretario de Organización de Podemos, quiere imponerles un recargo de solidaridad para recuperar las ayudas.

Pues que me diga dónde está ese dinero que nos han entregado y lo devolvemos. Las rescatadas fueron las cajas, y no todas, es justo decirlo.

¿Y por qué se rescataron? Incluso algún economista de derechas era partidario de dejarlas caer, para no fomentar el riesgo moral.

No habrían caído las cajas, sino los ahorradores. Eso no ha ocurrido en ningún lado. Ni siquiera el actual mecanismo de resolución toca los depósitos. Y la liquidación del Popular no ha costa-do ni un euro al contribuyente.

¿Y por qué se rescataron? Incluso algún economista de derechas era partidario de dejar-las caer, para no fomentar el riesgo moral.

 No habrían caído las cajas, sino los ahorradores. Eso no ha ocurrido en ningún lado. Ni siquiera el actual mecanismo de resolución toca los depósitos. Y la liquidación del Popular no ha costa-do ni un euro al contribuyente.

Hay quien cree que ahí se pecó de lo contrario y que, por evitar el rescate, se ha sacrificado una entidad que atravesaba dificulta-des puntuales.

Es mucho decir. Los problemas eran más profundos. Existía un riesgo cierto de contagio y tuvimos suerte de que se solventara la situación en una noche y, a la mañana siguiente, los clientes operaran con absoluta normalidad. Una vez más, la intervención se hizo con la mente puesta en los depositantes. Ni entonces ni antes las ayudas han ido dirigidas a los gestores o los accionistas.

¿Se va a recuperar el dinero del rescate?

Únicamente se ha logrado en Estados Unidos, pero fue una actuación muy rápida y muy enérgica. En 2008, nada más estallar la crisis, el secretario del Tesoro reunió a los bancos y los obligó a ampliar capital, quisieran o no. Es una sociedad, de todos modos, muy distinta. Los ajustes son inmisericordes: los de la banca y los de otros sectores. Se dejan caer industrias enteras, aunque arrastren tras de sí a una ciudad, como hemos visto con el automóvil y Detroit. La recuperación es también muy rápida, pero con un coste social que no sé si los europeos estaríamos dispuestos a pagar. En Japón tienen muy claro que no. A los supervisores no les importa emplear fondos públicos para apuntalar a sus entidades, porque son muy conscientes del devastador impacto de una crisis financiera.

Da la impresión de que dan ustedes por perdida la batalla de la imagen.

En absoluto, pero necesitamos explicar mejor que una economía saludable no es posible sin una banca saludable. Queremos que los españoles entiendan el papel que jugamos en la financiación de las empresas y de las familias. Nuestras hipotecas son de las más baratas de la eurozona y los préstamos a las pymes están al nivel de Alemania, a pesar de que a ellos los mercados les cobran menos por el dinero.

Cierta izquierda aún reclama una banca pública.

Se trata de una decisión política: si el Gobierno lo estima conveniente, está en su derecho. Dicho esto, tendría sentido si hubiera necesidades que no atendiera el sector privado, y no es el caso. Además, las experiencias no son muy positivas. La última está bastante reciente. El Instituto de Crédito Oficial utiliza, como saben, a los bancos para asignar sus fondos, pero durante la crisis pasó a financiar directamente a las pymes, sin intermediarios, por temor a que el exceso de cautela de éstos pudiera perjudicar a empresas solventes. La línea hubo que cortarla en seguida, porque la ratio de dudosos era enorme. Un operador estatal no tiene que rendir cuentas a accionistas particulares y carece por ello de incentivos para realizar una gestión adecuada del riesgo. El mercado tendrá sus fallos, pero es implacable con el que lo hace mal.

También a ustedes se les acusa de ser implacables. Los tribunales consideran que en sus hipotecas había cláusulas abusivas.

Ha habido ejecuciones [desahucios], pero en una cantidad muy inferior a las 500.000 refinanciaciones que se han realizado. ¿Qué habría pasado en otros países europeos si el paro hubiera llegado al 27%? En alguno te pueden echar de tu casa sin ir al juez.

¿Dónde?

En Holanda, por ejemplo.

El clamor contra la banca ha sido considerable. Ada Colau es alcaldesa de Barcelona gracias a su campaña al frente de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

Algunos casos nos han hecho un daño enorme. Reaccionamos probablemente tarde, pero reaccionamos. Hemos elaborado un código de buenas prácticas y, ahora, se identifica a las familias en situación de riesgo y se les brinda alternativas, como la dación en pago, el alquiler social, etcétera.

Mucha gente también se queja de que las comisiones se han disparado.

Venimos de una época en que los márgenes nos permitían subsidiar algunos servicios. A mí nunca me gustó, porque se beneficiaba al cliente que más servicios demandaba a costa de los demás, pero incluso aunque quisiéramos, no podríamos. Nuestro negocio nuclear, que consiste en endeudarnos a corto y prestar a largo, ya no es tan rentable. En teoría, los tipos son siempre mayores a largo que a corto y, de hecho, se distribuyen a lo largo de una curva que se empina a medida que nos adentramos en el futuro. Pero hoy los tipos a corto son negativos y la curva está casi plana.

¿Habría que subir el precio del dinero?

 Sería un elemento de higiene. Evitaría que los inversores asumiesen riesgos excesivos y alimentaran burbujas. Pero me temo que todavía va a haber que esperar.

 Ustedes se quejan de que sus márgenes son estrechos, pero luego salen los beneficios de Santander, BBVA o la Caixa y ganan miles de millones.

La rentabilidad no se mide por los resultados absolutos, sino poniéndolos en relación con los recursos empleados. Cuando se hace, el margen que se obtiene es del 1%, muy inferior al de la mayoría de los sectores.

O sea, que las comisiones van a seguir subiendo.

Vamos a un mundo en el que se cobrará a cada cliente en función de lo que demande. En todo caso, lo que dicen los estudios es que en España hay una gama de servicios gratuitos muy superior a la de otros países.

Dado el panorama que pinta, estará en contra de que les suban los impuestos.

La banca ya aporta a Hacienda lo que le corresponde. En España paga por los beneficios de España, en México por los de México, en Brasil por los de Brasil… Lo que resulta absurdo es reclamar que tribute aquí por lo que ha ganado en todo el mundo. En-tiendo que existe un problema con el sistema de pensiones, pero su solución no puede gravitar exclusivamente sobre nosotros. Y hay que tener cuidado también a la hora de gravar bases móviles, como la inversión bursátil, porque corremos el riesgo de que se vayan a otras plazas.

A propósito de huidas, ¿no le parece que España no ha sabido maniobrar para quedarse con parte del negocio financie-ro que el brexit va a liberar?

Tenemos un sector potente, pero en banca comercial, no de inversión, que es la predominante en Londres. Mi impresión es que los grandes beneficiarios de la salida del Reino Unido de la UE, si es que se produce, van a ser Nueva York o Singapur. Yo siempre digo que voy a Fráncfort [sede del BCE] a hablar de supervisión; a Bruselas [sede de la Comisión], a hablar de regulación, y a Londres, a tomar el pulso al mercado. ¿Me lo darán París o Berlín cuando el brexit se consume? Ya veremos.

 La capitalización de los bancos no es muy alta. ¿No existe el riesgo de que alguien aproveche para lanzar una opa?

El mundo de la revolución digital favorece las economías de escala. Para ser competitivo, necesitas realizar fuertes inversiones y esos costes fijos son más fáciles de repartir cuanto mayor es tu base de clientes. El tamaño es, por tanto, clave y lo lógico es que haya fusiones y adquisiciones.

¿Dentro o fuera de España?

Si en 10 años no vemos alguna operación transfronteriza, habrá fracasado la unión bancaria. Hay quien considera que la unión bancaria consiste en cortar el vínculo entre la deuda soberana y la banca, para que la caída de esta no arrastre a todo el país. Pero yo pienso que va más allá, que se trata de armar un sector financiero europeo, igual que hay un mercado europeo de los automóviles o de los servicios. La gran diferencia entre Estados Unidos y la UE es que allí tienen solo cuatro o cinco bancos importantes y aquí superamos la veintena. Hacen falta entidades paneuropeas.

Y en esa batalla, ¿los españoles serán el depredador o la presa?

Aquí hemos pasado de 45 entidades a 13. Nuestra banca ha hecho los deberes y, cuando comparas las valoraciones, está mejor que en el resto de Europa. Yo creo que vamos a ser opantes, más que opados.

¿Y se van a dejar opar los alemanes, los franceses y los italianos?

El mundo de los campeones nacionales forma parte del pasado.

¿Y qué sucede con Amazon, Alibaba y Google? Igual son ellos los que acaban comiéndose a los bancos.

Es indudable que internet ha derribado las barreras entre sectores y países, y nosotros estamos encantados de competir, pero en igualdad de condiciones. Si las big tech [grandes tecnológicas] quieren dedicarse a las finanzas, tendrán que estar sujetas a idéntica regulación y supervisión. La PSD2 [la segunda directiva de pagos digitales] nos obliga a los bancos a abrir a terceros las cuentas de nuestros clientes. Bueno, vale, lo comprendo, se trata de facilitar las transacciones. Pero ¿podemos nosotros acceder a los datos de sus clientes? No. Esa falta de simetría es incomprensible. Porque no estamos hablando de pymes indefensas, sino de gigantes que son monopolios naturales.

Pero de momento ni Amazon ni Google están captando depósitos.

Ni falta que les hace. En un entorno de tipos negativos, la liquidez abunda.

¿No va un poco su discurso contra el progreso? La gente está encantada con las big tech?

Nosotros somos los primeros en defender la innovación, pero siempre que no se base en desproteger a los consumidores. Para que no se repita una crisis como la que acabamos de superar, hemos levantado unas murallas y, dentro, lo miramos todo con lupa, pero fuera dejamos que cada cual haga lo que le venga en gana. No es coherente.

La Gran Recesión tuvo su origen en la llamada banca en la sombra, es decir, en todo lo que está justamente extramuros del sistema.

Exacto, y desde entonces no ha hecho más que crecer. ¿Por qué? Porque a las entidades se nos exige ahora el triple de capital, de modo que existen el triple de razones para sumergirse.

¿Podría repetirse la catástrofe?

La banca en la sombra es mayor y nadie tiene un mapa claro de lo que hay ahí dentro: fondos de capital riesgo y de cobertura, socimis, business angels, crowdfunding, private equity… Existe, de todos modos, una diferencia importante respecto de 2007: los vehículos de inversión estructurados (SIV) que emitían los derivados inmobiliarios operaban con líneas de liquidez que les habían facilitado los bancos convencionales y, cuando los SIV colapsaron, las pérdidas se metieron en los balances de los bancos. Ahora no existe esa ligazón.

Otra similitud con los prolegómenos de la crisis es la subida del precio de la vivienda.

La situación no tiene nada que ver. En 2007 superamos ampliamente el millón de hipotecas concedidas; ahora rondamos las 300.000. El peso de la construcción en el PIB llegó a ser del 10%; ahora es del 5%.

No ve usted ninguna burbuja, entonces.

En absoluto. Lo que hay son problemas puntuales de oferta de suelo en ciudades como Barcelona o Madrid. [Y señala el muro invisible contra el que la ciudad se interrumpe].

Tenemos una situación política enrarecida. Pedro Sánchez acaba de convocar elecciones porque carecía de mayoría para sacar los presupuestos, pero nada indica que el próximo Congreso vaya a estar menos fraccionado.

Respuesta. Es algo con lo que vamos a tener que aprender a vivir. Muchos países con un arco parlamentario igualmente fragmentado se las arreglan para que sus instituciones funcionen y la economía crezca. No creo que sea tan difícil.

¿Qué reformas le parecen indispensables?

Más que iniciativas concretas, yo subrayaría que lo importante es no cometer errores. Tenemos un enorme endeudamiento exterior, que nos hace muy vulnerables. Hasta ahora lo hemos financiado sin problemas, pero ello exige trabajar para no perder la confianza de los inversores.

¿Y qué más?

¿Le parece poco?

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