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EXPANSIÓN

Los bancos, preparados para ser actores del cambio

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El sector financiero español es perfectamente consciente de los desafíos a los que se enfrenta y del papel fundamental que va a jugar en la lucha contra el cambio climático. Estamos preparados para ser actores del cambio y para acompañar a las autoridades, a la sociedad y a nuestros clientes en este desafío. Me gustaría, sin embargo, hacer referencia a algunos de los problemas que plantea este proceso. Quiero huir de una cierta idea de buenismo en torno al mismo, pues esta ocultaría las enormes dificultades que nos aguardan. En primer lugar, debemos ser conscientes de que la velocidad del debate y los deseos de acción van muy por delante del conocimiento que tenemos. Pensemos por ejemplo en la definición de qué es y no es verde. Esta terminología se utiliza de manera generalizada por todos nosotros, pero de momento no hay una definición clara y unívoca en el ámbito internacional de a qué llamar verde.

En segundo término, tenemos el problema de la incertidumbre a la que se enfrenta la actividad económica. La incertidumbre es muy dañina, pues paraliza las decisiones de consumo e inversión de los agentes económicos, de las familias y empresas, que normalmente prefieren esperar hasta que se disipen las dudas antes de decidir. Pues bien, la incertidumbre es consustancial al proceso de cambio climático. La profundidad del cambio en el modelo productivo, o la velocidad con la que ese cambio se va a manifestar son, por el momento, desconocidas. Existe el riesgo de que las estrategias iniciales de lucha contra el cambio climático acrecienten las dudas si no están suficientemente definidas. Debemos ser especialmente cautos en este ámbito. Evitemos, pues, generar incertidumbres adicionales.

El tercer elemento es el que se refiere a los costes sociales de la transición hacia una economía sostenible. No nos podemos engañar: aunque en el largo plazo ese modelo es el único posible, se van a generar costes de corto plazo. Por poner un ejemplo sencillo: la producción de energía limpia será, en la medida en que no existan tecnologías habilitantes, más cara. Cómo gestionar el reparto de esos costes sociales no es en absoluto baladí. En definitiva, parece difícil que podamos converger hacia esos modelos sostenibles sin aceptar profundos cambios en nuestro estilo de vida.

Otra reflexión se refiere a que es preciso pasar a la acción, pero bien planificada y mejor ejecutada, de manera que se reduzcan las incertidumbres inherentes a la lucha contra el cambio climático, sin dejar de lado las acciones de sensibilización y concienciación de la sociedad. A estas alturas, la inacción sólo nos puede llevar a incurrir en mayores costes, los costes de la parálisis entre dos modelos de producción, sin obtener beneficio alguno ni del viejo mundo que estamos dejando atrás ni del nuevo al que nos encaminamos.

Quiero referirme también a la necesidad de trabajar de manera conjunta: gobierno y sector privado, los distintos sectores productivos y la industria financiera o la economía real y la sociedad civil.  Los gobiernos deben reducir en lo posible esa incertidumbre estructural del proceso de lucha contra el cambio climático: Pero, sobre todo, deben intentar no generar nuevas incertidumbres ni introducir riesgos adicionales. La clave, en definitiva, estará en la predictibilidad de sus acciones.

Por último, estoy profundamente convencido de que debemos pasar ya a la acción planificada y consensuada entre los distintos agentes sociales para lograr un mundo más justo y sostenible. Por ello, les deseo a todos los participantes en  la COP25 -gobiernos, empresas y voluntarios- que logren avanzar en esos objetivos porque en ello nos va nuestro futuro y el de las próximas generaciones.

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