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EXPANSIÓN

Entrevista a José María Roldán en Expansión

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Una anomalía que era temporal se ha convertido en algo estructural, dice José María Roldán, presidente de la patronal de banca AEB, sobre los tipos de interés ultrabajos en la eurozona. Pese a lo complejo de la situación, reconoce que los bancos pueden operar, aunque tendrán que ofrecer nuevos servicios a los clientes y cobrarlos.

 “En situaciones de presión es cuando los bancos españoles sacan lo mejor de sí mismos”. Así comienza la entrevista José María Roldán (Teruel, 1964), que lleva cinco años presidiendo la patronal bancaria y cuatro como vicepresidente de la Federación Bancaria Europea. Es funcionario del Banco de España, donde llegó a ser director general de Regulación y Estabilidad Financiera trece años. Fue uno de los primeros altos funcionarios españoles con interlocución ante el BCE.

¿Cómo van a aguantar las cuentas de resultados de la banca varios años más de tipos de interés negativos con el desgaste ya acumulado?

La curva de tipos habla de ocho años de tipos muy bajos. Una anomalía que era temporal se ha convertido en algo casi estructural. Pero claro que podemos operar en un entorno como éste. Es muy complejo, pero lo hemos hecho en los últimos tres años y lo seguiremos haciendo en los siguientes. El sector ha sido capaz de mantener márgenes y de mejorar su rentabilidad a niveles del 6%-7%, algo muy razonable con tipos nominales negativos.

Pero y esas palancas, como la del recorte de gastos, ¿no estarán un poco agotadas?

Habrá que pensar entonces cómo ofrecer servicios a los clientes que ahora no tienen y estudiar cómo utilizar las plataformas digitales para aumentar la eficiencia. La diferencia entre una buena y una mala entidad se ve en este tipo de circunstancias.

¿El futuro pasa por explorar campos no bancarios como la venta de móviles y electrodomésticos, como están haciendo algunas entidades para elevar la tarta de la financiación al consumo?

Eso es algo que tiene que ver más con la convergencia de modelos de negocio. Habrá segmentos que seguirán siendo bancarios, como la financiación a pymes, porque el conocimiento del cliente es fundamental; pero otros, no. Aquí, la experiencia del consumidor será crucial. También pedimos simetría regulatoria. Con la directiva [de pagos] PSD2, los bancos tenemos que dar acceso a los datos bancarios de nuestros clientes a terceros y pagar el puente informático que lo permite. ¿Por qué no sucede a la inversa? No conozco otro sector donde haya pasado esto.

¿La banca se plantea cobrar por servicios que ahora son gratis en España pero no en otros países?

Es vital ofrecer servicios a los clientes que ahora mismo no tienen y por los que estarían dispuestos a pagar. Japón lo hizo cuando vivió una larga etapa de tipos bajos. ¿Cuáles serían en España? No lo sé.

Pero a la banca española le cuesta mucho implantar nuevas comisiones. Hasta hace poco no empezó a cobrar por el uso del cajero automático a quienes no eran clientes. Y hay varias entidades que han decidido absorber los mayores costes que tiene por ley la firma de una hipoteca.

Porque la competencia en este sector sigue siendo brutal. Es un mercado muy dinámico, donde sólo los mejores sobrevivirán. Se trata de parte de nuestro ADN.

Una palanca muy obvia para recortar costes son las fusiones. Pero, ¿qué hacemos sí los bancos que lo intentan no las llevan a término porque se resisten a ceder parcelas de poder?

El tamaño no lo es todo. Ha habido entidades pequeñas con rentabilidades aceptables y las seguirá habiendo. Dicho esto, creo que es un camino que debe ser explorado en escenarios de poco crecimiento económico y de creciente digitalización. En mi opinión, el proceso de racionalización de estructuras no ha llegado todavía a su fin en España.

¿Se aleja ‘sine die’ la posibilidad de que la banca española logre cubrir con la rentabilidad de su negocio el coste de capital?

Lo que aumenta es el nivel de exigencia para acercarse a ese 10% que se calcula que es el coste de capital para la banca. Ese 10% es como una constante cosmológica que no se ha movido desde antes de la crisis.

La gobernanza también es primordial. El BCE ha pedido más dedicación a esta labor por parte de los consejeros no ejecutivos de los bancos. Ahora les ocupa 22 días de media al año, según sus estadísticas. ¿Alguna autocrítica que hacer?

Estoy seguro de que no es sólo un problema español. De todos modos, si les pedimos más dedicación, conocimientos, responsabilidad e independencia, lo siguiente es pensar que su remuneración tiene que estar en línea con esas exigencias. Si no, estamos pidiendo la cuadratura del círculo.

Mañana se cumplen dos semanas de la publicación del informe del abogado general de la UE sobre el índice hipotecario IRPH. Roldán cree que los mercados dieron una primera lectura “sesgada y superficial” de sus conclusiones y se muestra confiado en que la sentencia, que llegará en 3 o 4 meses, sea favorable a los intereses del sector. Roldán recuerda que las hipotecas con IRPH aplican un diferencial mucho más bajo que las ligadas al euríbor. “Hoy una persona con un préstamo IRPH está pagando un tipo mejor que el que aplican las nuevas hipotecas”, afirma.

Si el Tribunal de Justicia de la UE sigue la recomendación del abogado general y deja en manos de los jueces españoles el control de transparencia, ¿sería una buena o una mala noticia para la banca?

Sería algo positivo en la medida en que el Tribunal Supremo ya dijo en su día [diciembre de 2017] que el índice no era abusivo.

¿Cumplen vuestros asociados las dos condiciones que fija el abogado general para considerar transparente un préstamo con IRPH?

En general, la percepción que tenemos desde la AEB es que no habría problemas con esas dos condiciones.

Si el sector tuviera que hacer provisiones, ¿serían superiores incluso a las realizadas por las cláusulas suelo, que rondaron los 2.000 millones

Hablar de provisiones ahora sería una temeridad. Lo que me parece importante señalar es que los supuestos más extremos incluidos en algunos de estos análisis de los bancos de inversión no aplicarían si el tribunal europeo confirma el criterio del abogado general.

En el último año se ha incrementado sensiblemente el número de reclamaciones de clientes por tarjetas ‘revolving’. Sobre todo contra WiZink, pero también las hay contra otros bancos. ¿Hasta qué punto puede convertirse en un frente judicial importante para el sector?

Por ahora hay sentencias en ambos sentidos y todavía no hay una jurisprudencia clara del Tribunal Supremo, ni se espera que la haya próximamente.

¿Qué le parece que haya entidades que cobren a un cliente hasta el 28% TAE por financiarse con una tarjeta ‘revolving’?

El coste está en función del riesgo de cada operación y del grado de inmediatez de la financiación. Lo importante es saber si el cliente entiende o no lo que contrata. Dicho esto, hay que añadir que el acceso a determinado tipo de préstamos es importante para ciertos segmentos de la población y que la actividad del crédito es libre en España. Es decir, no sólo la ofrecen bancos. Si en un futuro este negocio deja de ser rentable para la banca porque las condiciones son inviables, la actividad se desplazará a la banca en la sombra, donde los controles y la protección al consumidor es peor. Los tipos que aplican son también infinitamente peores, sólo que de ellos no se habla porque no hay un cauce de reclamaciones establecido.

Sobre un Brexit duro afirma que “Los bancos están habituados a vivir periodos de crisis económica y los ciclos malos no duran de manera indefinida. Las entidades tienen palancas de defensa perfectamente afiladas para lidiar con un entorno de menor crecimiento en Reino Unido, en España o en cualquier otro país”. “Lo que más nos preocupa [del Brexit] es la volatilidad que puede crear en los mercados y el impacto sobre el crecimiento global, pero es una decisión soberana de Reino Unido”, añade.

¿Qué es lo que ha fallado para que España no haya sido capaz de atraer más industria financiera?

Quizá el problema estuvo en haber generado la expectativa de que Madrid iba a ser el nuevo Londres.

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