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Desafíos de la próxima etapa en el camino de la acción climática

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En un periodo de tiempo relativamente corto la sociedad ha acelerado su concienciación sobre la necesidad de incorporar la sostenibilidad como un eje fundamental en nuestra manera de actuar. De manera coordinada, a nivel internacional hemos definido unos ambiciosos objetivos que nos marcan, con una elevada sensación de urgencia, un cambio de gran calado en nuestras economías productivas con objeto de evitar las negativas consecuencias del cambio climático. El regulador y el supervisor también han tomado consciencia de los riesgos que, tanto a nivel de carteras individuales, como a nivel sistémico, se derivan del cambio climático, y están incrementando las exigencias a las entidades financieras sobre el análisis y la gestión de estos riesgos.

Por su parte, los bancos han pasado a tomar el liderazgo, y a asumir su parte en el complejo reto de reducir el impacto de nuestras actuaciones sobre el clima. Ello supone:

  • En primer lugar, un realineamiento de sus carteras de crédito, con una reforzada apuesta por la financiación sostenible, que permita aprovechar las oportunidades en sectores clave.
  • Por otro lado, se hace imprescindible la integración por parte de las entidades financieras en su toma de decisiones de la identificación, evaluación y gestión de los riesgos financieros y no financieros inducidos por el cambio climático.

Tanto la adecuada medición de las emisiones, como el análisis y la gestión de los riesgos implican el uso de modelos y metodologías que, si bien muestran alguna semblanza a los modelos macroeconómicos de equilibrio general o al análisis de escenarios, se han de ajustar para adaptarse a tres peculiaridades implícitas en el cambio climático:

  1. no puede utilizarse el pasado para predecir el futuro,
  2. los horizontes temporales se extienden por décadas, reduciendo al mínimo el margen de confianza de los modelos tradicionales, y
  3. han de ser suficientemente flexibles, como para poder incorporar información externa derivada de la opinión de expertos o del conocimiento científico.

Estos modelos, dentro de su complejidad y de sus limitaciones, pueden ayudar a facilitar la toma de decisiones en entornos inciertos, que pueden llevar a una reasignación de las carteras, así como a un ajuste en los precios de los activos al incorporar los riesgos climáticos.

Con carácter general, podemos concluir que la carencia de una adecuada clasificación de los criterios ASG y del riesgo que pueden generar, la ausencia de datos, la complejidad metodológica, el desajuste en el horizonte temporal de nuestras decisiones de hoy y su impacto en el futuro, así como la multitud de proveedores de datos y agencia de rating, son algunos obstáculos comunes entre las diferentes metodologías analizadas lo que, sin duda, entorpece un avance adecuado en la integración de los criterios ASG para la gestión de riesgos por parte de los bancos.

Finalmente, existen también otro tipo de retos para que los riesgos climáticos puedan integrarse plenamente dentro de la gestión de riesgos tradicional de la banca:

  • El primero de estos retos tiene que ver con la necesidad de reforzar el conocimiento y la formación de manera integral de todos los equipos en los aspectos relacionados con las finanzas sostenibles, y más en concreto, de los analistas de riesgos y los ejecutivos para que éstos puedan interpretar adecuadamente las restricciones de los modelos empleados.
  • En segundo lugar, es necesario abordar el tema de los riesgos climáticos de una manera integral y estratégica, evitando posibles sesgos, derivados, por ejemplo, de la complacencia que pudiera llevar a las entidades a construir sus propias metodologías carentes del rigor necesario, pero que pudieran dar la sensación de estar resolviendo el problema.
  • Por último, existe un desafío fundamental a la hora de garantizar la generación y divulgación de una información homogénea, de calidad, y que cubra un perímetro lo suficientemente amplio como para tener en toda la cadena de valor de una actividad económica.

En definitiva, la plena integración de los factores ASG en la toma de decisiones, y más concretamente de las consideraciones climáticas, supone unos retos fundamentales para empresas y entidades financieras. En este proceso de transformación necesario para hacer frente a los riegos derivados del cambio climático, y a las oportunidades que a su vez se generan, la banca española ha mostrado un firme propósito y un elevado compromiso. El objetivo es ahora claro, y la ruta para conseguirlo ha comenzado a trazarse.

Aquí puedes consultar el documento completo ‘Balance del compromiso de la banca española con la acción climática’