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Expansión.

Verde esperanza

Los gobiernos, los reguladores y también los supervisores, están cada vez más comprometidos con la creación de un futuro para el planeta.

El día en que Estados Unidos anunció su retirada del Acuerdo de París, considerado como el mayor logro en materia ambiental de la Historia, a muchos se nos encogió el corazón. Sin pretenderlo, aquel 1 de junio, el señor Trump empujó a los líderes europeos a tomar las riendas ante uno de los principales temas de la agenda de la última reunión del G20. El presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, han liderado las conversaciones sobre el cambio climático, tal y como refleja el comunicado conjunto de todos los líderes de los 19 países restantes que forman parte de este grupo. Todos, a excepción de EE.UU., reafirmaron su fuerte compromiso y apoyo al Acuerdo de París que calificaron de “irreversible”.

Poco después de que los líderes mundiales confirmaban su compromiso para frenar el cambio climático, el Departamento de Medio Ambiente de Naciones Unidas, hizo público el informe de progreso sobre los avances alcanzados en términos de políticas y desarrollo de productos de financiación verde, en torno a las iniciativas propuestas por el grupo de Green Finance del G20 (GFSG) en septiembre de 2016. Este documento ofrece un buen resumen de cómo se está movilizando capital privado hacia la inversión verde.

Además del G20, otras instituciones se han mostrado activas en materia medioambiental durante el último mes, como el TCFD (Task Force on Climate-related Financial Disclosures), un grupo de trabajo creado bajo el amparo del Financial Stability Board. El TCFD ha publicado su tan esperada guía de recomendaciones para mejorar la transparencia en la gestión de los riesgos y oportunidades empresaria- les ante el cambio climático. Con este documento se pretende que las empresas ofrezcan información financiera –clara, comparable y consistente– sobre los riesgos y oportunidades que plantea el deterioro medioambiental. Además, estas pautas permitirán conocer quién gestiona su riesgo climático de forma proactiva, para que la transición hacia una economía más sostenible sea, en muy poco tiempo, un elemento clave en la competitividad de las compañías.

Beatriz Morilla, responsable de RSC

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