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Bancos solventes para salir con rapidez de la crisis

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El pasado año pasará a la historia como uno de los más complejos a los que el mundo en general, y España en particular, ha tenido que hacer frente. Afortunadamente, la autorización para empezar a distribuir las primeras vacunas contra la Covid-19 y el comienzo de su aplicación a los ciudadanos han abierto una ventana de esperanza: Ahora sabemos que estamos ya en disposición de vencer a la pandemia, y que será muy probablemente antes de que finalice este año.

Este trascendental anuncio ha alentado una mejora de las expectativas sobre la economía mundial, que se ha traducido en el rebrote registrado por todas las bolsas a principios de enero. En la zona euro, la distribución de las primeras vacunas se ha sumado a las expectativas creadas por los fondos europeos, que la Comisión Europea irá asignando a los estados miembro durante los dos próximos años y de los que España resultará uno de sus mayores beneficiarios.

Vacuna y ayudas europeas, dos factores exógenos que deben impulsar el crecimiento de la economía española, como sin duda lo harán, pero que han de verse acompañados de una gestión interna adecuada, tanto para optimizar el impacto de esos fondos, como para acometer aquellas reformas estructurales que permitan a nuestra economía elevar su potencial de crecimiento. Como he dicho en alguna otra ocasión, debemos trabajar y planificar la recuperación confiando solo en nuestras propias fuerzas y lo que venga de más será bienvenido.

En ambas tareas, pero en particular en la distribución y gestión de las ayudas europeas, los bancos españoles han ofrecido su experiencia y medios para dotar de la mayor eficiencia a los procesos de selección y distribución de las mismas. Nuestras entidades han demostrado, durante la asignación de los créditos con aval del ICO (más de 110.000 millones de euros que han llegado a casi 600.000 empresas, un 98% pymes y autónomos) que tienen la capacidad para llegar con gran rapidez y eficacia a quien más lo necesita y que son expertas en analizar el riesgo y ponderar proyectos empresariales, pues en eso consiste su trabajo. Por todo ello, pensamos que a lo largo de este ejercicio las entidades bancarias podrán continuar, si se les permite hacerlo, realizando la inmensa labor de apoyo a las familias y empresas que vienen haciendo desde el estallido de la pandemia y acelerar así el proceso de recuperación económica.

No quiero pecar, sin embargo, de excesivo optimismo. Es cierto que la actividad bancaria, tan sensible a la evolución de la economía real, también se beneficiará de esta mejora de las expectativas económicas. A principios de año se pudo comprobar ya el cambio de sentimiento de mercado de los inversores hacia el sector financiero. La percepción de que las vacunas pueden dar un empujón al proceso de recuperación económica global dio alas a la cotización de los bancos españoles.

Toda mejora es bienvenida para un sector como el bancario que no ha quedado al margen de los efectos de la pandemia causada por el Covid-19. La nueva situación está requiriendo a las entidades financieras tomar medidas rápidas y, en este sentido, los bancos españoles han sido ejemplares a la hora de adoptar decisiones a una velocidad inimaginable solo hace unos meses y que compara con nota respecto a sus colegas europeos. Y tendrán que proseguir en esa senda de reducción de costes y adaptación del modelo de negocio para enfrentar una “nueva normalidad”, que viene determinada por la penetración digital a todos los segmentos de la población, los menores ingresos por la caída de la actividad económica derivada de la pandemia y por unos tipos de interés muy bajos o negativos que han venido definitivamente a quedarse para mucho tiempo. A todo ello, se une la aparición de los nuevos operadores -la llamada banca en la sombra y las grandes empresas tecnológicas-, que compiten con ventaja al operar al margen de la estricta regulación bancaria.

Como se ve, sobran razones para que nuestras entidades aborden con rapidez medidas que les faciliten adaptarse a las nuevas circunstancias. Por suerte, los bancos españoles están acostumbrados a gestionar situaciones complejas y muchas de las asignaturas que otros competidores tienen pendientes, ellos las aprobaron en los últimos años. Me refiero al intenso proceso de capitalización, saneamiento de balances y consolidación del sector que se hizo ya durante la crisis financiera internacional. También a las cuantiosas inversiones en tecnología acometidas durante años, lo que ha permitido durante el confinamiento ofrecer a los clientes servicios online, con agilidad y sin incidencias, transformando el modelo operativo en apenas unas semanas. Una verdadera prueba de fuego para las infraestructuras tecnológicas de nuestras entidades, que se ha saldado con un rotundo éxito. Se trata ahora de lograr la mejor combinación de interacciones digitales y humanas, el uso inteligente de los datos, en definitiva, de promover modelos de prestación de servicios atractivos y eficientes.

Asimismo, es preciso extraer las mejores lecciones de la pandemia, de lo que dependerá en gran parte el éxito futuro, incluso la supervivencia, de nuestras entidades. Entre estas lecciones, está la necesidad de operar con agilidad y la introducción de flexibilidad en las organizaciones y lugares de trabajo, mientras se mantiene el foco en el bienestar y la productividad de los empleados.

Por último, los bancos son conscientes de que deben encabezar el cambio social para mitigar el riesgo climático y, de hecho, en el pasado ejercicio dieron un paso de gigante en la implementación de estándares e informes comunes, si bien advierten de que no pueden hacer esto solos y necesitan que las autoridades marquen el camino a seguir y despejen la confusión creada con normas claras y una distribución equitativa de responsabilidades.

En suma, nuestros bancos se encuentran hoy por hoy en una situación de solvencia mejor que en la crisis anterior gracias al esfuerzo acometido durante los últimos años, lo que les ha permitido ayudar a sus clientes y al conjunto de la sociedad a mitigar los daños ocasionados por la pandemia. Pero es muy importante, extremadamente importante, preservar esa situación de solvencia, evitando gravar al sector con cargas que no le corresponden, ya que de su capacidad para financiar a empresas y familias dependerá en gran medida que la economía española salga rápidamente de la profunda recesión causada por la pandemia del Covid-19. Los bancos son conscientes de la importante responsabilidad que recae sobre ellos y sabrán abordar los cambios necesarios para seguir cumpliendo su función social con eficacia y competencia.

José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca

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