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Desayuno informativo Europa Press

Apuntes sobre el sector bancario y el mercado hipotecario español

Reflexiones de José María Roldán Alegre, presidente de la AEB, en torno al negocio bancario y su imprescindible rentabilidad.

1. INTRODUCCIÓN

  • Ya saben ustedes aquello de la falsa maldición china: “ojalá vivas tiempos interesantes”. Pues nuestro sector los está viviendo, y sufriendo.
  • Son tiempos interesantes que nos presentan retos pero también oportunidades de mejorar y progresar.
  • Es el caso de la reciente polémica surgida en torno a las hipotecas, que es lo que más les preocupa a ustedes ahora y de lo que tendremos mucho tiempo para hablar más adelante.
  • Efectivamente, es un problema al que le estamos dedicando mucho tiempo esfuerzo y atención. Pero también es una oportunidad. Primero, para mejorar nuestro sistema hipotecario y, con ello, las relaciones con nuestros clientes. Además, es una oportunidad para sacar a relucir lo importante, lo eficaz y lo bien que funciona y ha funcionado nuestro mercado hipotecario. Es un buen sistema, que ha cumplido su objetivo con eficacia, el de permitir que muchas familias -más de un 80%- tengan su casa en propiedad, a un buen precio. Muy poca gente ha quedado excluida de esa posibilidad y muy poca ha dejado de pagar su hipoteca. Todo ello ha dado estabilidad a las familias y a la economía española.
  • De todo esto, podemos hablar más adelante, en el turno de preguntas si les parece, aunque antes voy a avanzar algunas ideas.
  • Y también quiero hacer una reflexión, más breve de lo habitual, sobre la naturaleza del negocio bancario. El mensaje será doble: vamos a seguir trabajando para mantener la confianza de nuestros clientes y para mejorar la imagen del sector, pero también debemos advertir, con modestia pero con rigor, de los riesgos de decisiones que ponen en duda la seguridad jurídica y que a largo plazo irán en contra de los intereses de los ciudadanos y de la economía española.

2. REFLEXIONES ENTORNO AL NEGOCIO BANCARIO

2.1 Sobre la Naturaleza del Negocio Bancario

  • En una economía de mercado mixta, los bancos, en la medida en que canalizan los recursos financieros de la economía, juegan un papel vital en el progreso de las sociedades. En efecto, los bancos canalizan los recursos hacia aquellos proyectos y sectores que muestran un mayor potencial futuro. Son, tal y como nos recordaba Schumpeter, vitales en el proceso de destrucción creativa de las economías de mercado.
  • Por este motivo, el gestor de un banco tiene una labor mucho más compleja respecto a cualquier otra empresa. Mientras que un empresario, o un trabajador de otro sector, debe conocer su negocio, los bancos tienen que conocer todos los negocios, porque solo así pueden ser capaces de evaluar correctamente el riesgo de impago.
  • Evidentemente, esta labor también obliga a negar la financiación cuando el proyecto carece de viabilidad. Como recordarán, Napoleón hablaba con desprecio de los financieros, gente sin patriotismo decía. Pues bien, hasta a Napoleón hay que negarle la financiación cuando su devolución no es viable.

2.2 Sobre la transformación de plazos

      • Los bancos son los únicos intermediarios financieros capaces de transformar, de manera segura, depósitos a corto plazo de sus clientes en créditos que financian proyectos a largo plazo, de PYMEs o de familias, como la adquisición de viviendas.
      • Precisamente este papel de los bancos en la transformación de plazos es el que hace imprescindible su presencia en todo ecosistema financiero sano.

2.3 Sobre los bancos como gestores de recursos ajenos

      • La industria bancaria, a diferencia de otras, opera con márgenes muy estrechos, del 1 ó 2%. Por ello, tiene que trabajar con grandes masas de balance y con recursos no sólo de los accionistas, sino sobre todo de los depositantes.
      • Es por este motivo, por el hecho de que los bancos administran dinero ajeno, por el que han de ser especialmente cautelosos y prudentes. Un buen banquero siempre ha de ser prudente, porque se juega el dinero de sus depositantes.

2.4 Sobre el papel de los bancos en el mecanismo de transmisión de la política monetaria

      • No es este el sitio y el lugar para hablar de ello, pero quiero recordarles que la efectividad de la política monetaria depende del papel de los bancos en la transmisión de los impulsos monetarios. Valga este breve comentario como un recordatorio de otra cuestión que daría para hablar horas.
      • En definitiva, los bancos juegan un papel vital en la economía. La estabilidad financiera, que debe considerarse un bien público, depende de manera directa de la salud del sistema bancario. No es pues de extrañar que hasta el padre del liberalismo económico, Adam Smith, defendiera en su obra “La Riqueza de las Naciones” la regulación del sector bancario. Los bancos aceptan esa regulación, que hace de este sector el más regulado en todos sus aspectos. Bienvenida sea esta siempre que sea proporcionada, estable en el tiempo y coherente.

3. SOBRE LA IMPRESCINDIBLE RENTABILIDAD DEL NEGOCIO BANCARIO

      • Los bancos son empresas pri vadas, fi nanciadas por accionistas que buscan legítimamente una rentabilidad acorde con los riesgos que asume n.
      • Como en todo negocio privado, si la rentabilidad financiera (ROE) está por debajo del coste del capital -el nivel mínimo de rentabilidad que exige el accionista-, ese negocio no será capaz no ya de atraer a nuevos accionistas, sino de mantener a los que ya están en el accionariado.
      • Un negocio que destruye valor tenderá, inevitablemente, a reducir su actividad en el futuro.
      • Pero la misma reflexión se debe hacer sobre cada línea de negocio: si la rentabilidad ajustada al riesgo de una determinada línea de negocio está por debajo de las exigencias del coste del capital, esa actividad será probablemente abandonada por el banco –puesto que destruye valor- para centrarse en aquellas actividades que son rentables. Y no nos debemos llamar a engaño: son las actividades que requieren un compromiso de recursos a muy largo plazo las que son más delicadas.
      • Creo que todos somos conscientes de que este sector, como cualquier otro, tiene que ser rentable para sobrevivir y que la rentabilidad positiva no basta: debe cubrir, como mínimo, los costes de capital. Y que el triple desafío de bajos tipos de interés, crecientes exigencias de capital regulatorio y resolución, junto con la revolución digital en marcha, hace especialmente complicado alcanzar esa rentabilidad mínima exigida.
      • Todo esto que parece obvio está, sin embargo mal visto. Está mal visto que los bancos ganen dinero, aunque los beneficios, la rentabilidad de los bancos es buena para todos, para los bancos, pero también para el conjunto de la sociedad. Y en España hemos tenido la experiencia reciente de qué ocurre cuando hay entidades de depósito mal gestionadas, que pierden dinero y quiebran. Nadie quiere repetir esa experiencia.

4. SOBRE LA REGULACIÓN DEL SECTOR

      • Hoy quiero centrarme no en la regulación de capital, de solvencia, o de resolución, sino en la de protección del cliente, conocida en nuestra jerga como normas de conducta (o conduct of business rules).
      • Las premisas, o si se quiere la arquitectura básica del sistema es esta:

o Se establecen reglas muy prolijas y detalladas, muy costosas de aplicar pero que ofrecen a las empresas de servicios de inversión, entre las que se encuentran los bancos, una garantía de “puerto seguro”, si se aplican.
o El principio de libertad de contratación junto con la protección del cliente minorista poco sofisticado son sus pilares básicos. No se prohíbe más que en contadas excepciones la comercialización de productos. Además, esa protección del cliente minorista poco sofisticado no se extiende ad infinitum a todos los clientes, llegando al caso de que a inversores cualificados se les exige una diligencia debida previa, una responsabilidad individual.

o Los Tribunales, con el tribunal Supremo en su cúspide, que aclaran los elementos concretos de este régimen y delimitan, más allá de la norma, la frontera entre el inversor o cliente que debe ser protegido y aquel al que se le debe exigir más por sus conocimientos o estatus financiero.

      • El resultado práctico de este régimen ha sido la generalización de contratos muy prolijos y complejos. Pero debemos ser claros: al igual que en el caso de los prospectos de los medicamentos, la complejidad de los contratos financieros son el resultado de esa regulación prolija, la letra pequeña viene dada por la regulación.
      • ¿Cuál es la situación actual?
      • El cliente se encuentra frente a formalismos que no entiende, y la confianza se ha reemplazado por la frialdad de una liturgia regulatoria extraña .
      • Los bancos se encuentran con que el cumplimiento de esa regulación tan costosa no les garantiza nada: no hay puerto seguro. Ni siquiera en el terreno jurídico la situación es clara, pues merced a lo que los jurídicos denominan cuestiones prejudiciales hemos descubierto, no sin gran preocupación, que la instancia última no es nuestro Tribunal Supremo, sino el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
      • En definitiva, hay un creciente divorcio entre la protección formal y la efectiva, y esto no va ni en beneficio de los clientes ni de los bancos.
      • Además, la incertidumbre jurisdiccional sobre el régimen regulatorio se está cebando con negocios, como el hipotecario, de largo plazo y escaso margen, con efectos retroactivos muy dañinos y preocupantes.

5. CONCLUYENDO

    • Los bancos son perfectamente conscientes de la necesidad de trabajar en la mejora de las relaciones con sus clientes. Como siempre indico, el modelo español de banca comercial está dirigido a establecer lazos a largo plazo con los clientes, y en proveerles de buenos servicios a un coste razonable a lo largo de su ciclo vital, desde hipotecas a fondos de pensiones y productos de ahorro, pasando por servicios de cobros y pagos eficientes.
    • De cara a futuro, debemos establecer relaciones más sencillas y transparentes, pero también que eviten rigideces artificiales, esto es, que se permita la imprescindible flexibilidad para que la demanda de servicios financieros pueda ser correspondida con una oferta que se ajuste lo más posible a esas condiciones individuales.
    • En esta reflexión de futuro, debemos valorar si la regulación actual de normas de conducta, prolija y costosa, no es además ineficiente tanto para los bancos como para sus clientes. Y hay que recordar que lo peor para cualquier consumidor, lo más doloroso, es no tener acceso a la financiación. No creemos un problema de exclusión financiera donde no lo hay.
    • Debemos, además, dotar de seguridad al negocio: la actual situación de incertidumbre jurídica no es sostenible, y conduce a la parálisis de la actividad y la inversión.
    • Debemos valorar la competitividad del sector bancario español. Con gran frecuencia, las normas nacionales específicas, el llamado goldplatting, provoca, con la mejor de las intenciones, regímenes regulatorios pesados y poco competitivos. Debemos valorar cada respuesta nacional, plantear si tiene sentido en el contexto europeo y, si es así, plantear respuestas coordinadas, y, por último, llevarlas a cabo respetando el principio de proporcionalidad.
    • Pero también debemos empujar la educación financiera, en todos los estamentos y niveles, los profesionales y los de la función pública incluidos. No puede ser que dediquemos más tiempo a elegir la pintura del coche o el color de la tapicería que a las distintas opciones de fina nciación. O q ue acometa mos la adq uisición de una vi vienda mediante préstamo hipotecario, probablemente la decisión financiera más relevante de nuestras vidas, sin un mínimo de atención. Y los bancos tienen aquí una función crucial que jugar, que es la de facilitar a sus clientes toda la información que necesiten para tomar las mejores decisiones, de forma autónoma e informada.
    • Como he dicho en otras ocasiones, no conozco una sociedad próspera sin un sistema bancario sano y capaz de financiar el progreso económico y social. Nos guste o no, el futuro de la sociedad y el de la banca es el mismo, porque la banca solo se entiende como un instrumento al servicio de la sociedad.